
Quemas mi piel en cada leve roce con la tuya, tus caricias evaporan el sudor que en mí provocas y tus labios incandescentes recorren lentamente mi cuello, haciendo que ardan hasta mis pensamientos en los que tú eres mecha y pólvora, camino y destino.
Brasas bajo mis pies que siento como agujas de hielo a cada paso que doy hacia ti, que se avivan sólo intuyendo tu respiración acelerada acompasándose a la mía.
Fuego en tus manos, en tu cuerpo y en tu piel, fuego que resurge y se alimenta de mi fuego, fuego que no se extingue sino que se hace llama con cada chispa que salta entre tú y yo.
Fuego, Agua, Aire, Tierra...



