
Tiempo atrás quedaron aquellas buenas propuestas de año nuevo, ahora ya pasadas muchas primaveras y otros tantos veranos, me dedico tras cruzar la frontera del año, a mirar atrás y hacer balance sobre los 365, en este caso 366 días transcurridos.
Me he dado cuenta que éste ha sido un año de mucho movimiento, de grandes descubrimientos y alguna pérdida. Para mí quien se queda en el camino es que su paso no logró seguir el mío o tal vez, no buscaba seguir la misma dirección cuando parecían caminar a mi lado. A esas personas que desaparecieron por voluntad, por obligación o simplemente porque perdieron el rastro de mis huellas, les deseo lo mejor y que tal vez cuando detengan su andar y reflexionen vean que aún mi nombre puede sonar sin amargor en su boca.
Pero sobre todo he de hacer recuento de todas esas personas que han llegado a mi vida y se han hecho un hueco al aportarme tantas y tan buenas cosas. A veces nos acercamos a la estación solamente para ayudar con las maletas a subirse al tren a amigos, pero siempre se cruzan almas que nos dejan huella y nos invitan a compartir aunque sea el banco junto al andén. Trenes que se cruzan por azares del destino y tienen paradas sincronizadas con el tiempo justo de tomar un café y volver a partir, pero que dejan aroma aún cuando la distancia marca lo insalvable.
Espero otros 365 días sin que se apeen de mi vagón, y sigan señalándome por los cristales empañados todas esas cosas que mi vista no alcanza a ver.
Gracias por viajar a mi lado.


1 Huellas:
Querida M...
aquí estoy y espero seguir contando mi historia contando con tu agradable compañía... no me he ido, sólo detuve mi paso para poder reconstruirme...
te dejo un fuerte abrazo y mi compromiso de dejarse ese correo que tantas veces te he prometido...
Con cariño... Iss
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